Yvette Rabemila (español)

El deseo de crear paz alrededor de uno mismo
Entrevista con Yvette Rabemila
Preguntas realizadas por Brigitte Rabarijaona

Abstract

Luego de 40 años como pastora, Yvette Rabemila, previamente vice-presidenta la Iglesia Reformada de Madagascar, sigue estando muy involucrada en una variedad de actividades. Actualmente, dirige la asociación “Women’s Caravan for Peace in Madagascar”. En esta entrevista realizada por Brigitte Rabarijaona, ella describe su deseo de ver a las mujeres crear paz alrededor de ellas.

¿Por qué estás tan involucrada en movimientos y actividades al servicio de la Paz?

Vivimos día y noche en un mundo con todo tipo de violencia. Los medios mencionan a diario casos repetidos de asesinatos, agresión, robos a mano armada, crimen, violaciones, incesto, robo organizado o robo de carteras, inseguridades de todo tipo. En resumen, en la ciudad donde yo vivo, todos viven aterrorizados y con aversión de ser víctima de uno u otro de estos actos de violencia: las relaciones entre la gente tristemente se ha visto marcada con desconfianza por la búsqueda de la ganancia personal, de la explotación de los otros, por lo que cualquier método para adquirir beneficio personal se ha vuelto aceptable para muchos. Lamentablemente, algunas personas no dudan en convertir al mundo en un lugar casi inhabitable.

El mundo actual está tan lleno de conflictos, de guerras en desarrollo o frías, de actos terroristas. ¿No se ha convertido en algo normal escuchar al respecto a diario? Si seguimos en esta dirección, ¿en qué mundo vivirán las generaciones futuras? Esto me recuerda a una canción de Mireille Matthieu que me ha llegado anteriormente:

Que la paz sea en este mundo por los cien mil años venideros
Danos mil palomas para cada salida del sol
Danos un millar de palomas y un millón de golondrinas
Para que un día todas los seres humanos se convierten en niños otra vez.”[1]

¿Podría ser todavía posible vivir en conjunto como niños que no pelean pero que se convierten en amigos de nuevo rápidamente y siguen jugando luego de olvidarse de su anterior pelea? Personalmente, creo que eso es posible, es por lo que precisamente me he involucrado en estos movimientos al servicio de la Paz.

¿Qué significa para ti la Paz?

En mi lenguaje nativo, el término que se traduce por “paz”, expresa un lazo familiar muy apreciado por el pueblo malgache. El término es fihavanana. Significa una relación biológica, pero también se extiende a amigos y conocidos que se convierten en una familia extendida y pueden beneficiarse de estas relaciones recíprocas privilegiadas. Fihavanana tiene una gran influencia en las relaciones. Habilita procesos que de otra manera serían muy difíciles, por ejemplo, si alguien tiene que hacer un trámite en una oficina administrativa, es mejor tener a algún familiar o conocido para llevarlo a cabo, inclusive a través de un mediador, porque se van a encargar de ello sin falta y con la seguridad de que va a ser resuelto de manera más expeditiva y sencilla. Fihavanana también te hace una persona que respeta y es digna de respeto. En el nombre de fihavanana, uno ayuda a su vecino, se une en su dolor cuando están de duelo, uno expresa su simpatía con un regalo simbólico, uno comparte su alegría ante un ascenso laboral o un casamiento de su hijo o hija. Fihavanana previene que cometas ciertos actos maliciosos hacia tus vecinos.

La reconciliación es un aspecto importante de la paz. Con familiares y conocidos, ya sea que estén cerca o lejos, el proceso de reconciliación es simple cuando estas relaciones están marcadas por Fihavanana. Tener la capacidad de reconciliación, de ser capaz de volver a una relación armoniosa entre dos o más personas que fueron separadas por la discordia y el conflicto, ese es el fruto de Fihavanana. La paz tiene una gran importancia desde la dimensión comunitaria. No sólo es la ausencia de violencia, de conflicto, de disputas, de peleas, de problemas, de agitación, de preocupación y miedo: es también y por sobre todo, “bienestar y buen vivir” con los demás. Y es algo que se adquiere a través del esfuerzo mutuo. Es un interés de todos, pero uno tiene que estar en paz consigo mismo para ser capaz de contribuir a la instauración de paz en su derredor y obtener diferentes aspectos de lo que es la paz: calma, serenidad, felicidad, alegría, seguridad.

En términos de la dimensión comunitaria de la paz, yo diría que no es sólo un asunto entre humanos, Dios también está involucrado: Él da y promete paz (Números 6,26), tiene proyectos de paz para nosotros (Jeremías 29,11). Jesús mismo nos quiere dar su paz (Juan 14,27). Esta paz es una alegría vivida que brilla a través de la presencia de quien la vive, y es compartida cuando uno acepta ser un instrumento y hacedor de paz. Con su diversidad, los hacedores de paz podrán cambiar el mundo cuando perseveren en su misión.

La idea dentro de Fihavanana es muy interesante. Si tuvieras que representarla en una imagen, ¿cuál se te viene a la mente?

Para mí, las flores en un jardín bien cuidado, pueden simbolizar la paz. De hecho, no están ahí por casualidad. Alguien se ha tomado el trabajo de preparar el terreno, sembrar los granos, regarlas, cuidar de ellas, arrancar las malas hierbas, ver cómo están todos los días. Incluso se dice que los buenos jardineros hablan con las flores con mucho amor y ternura. Un hermoso jardín con hermosas flores, diferentes colores y tipos hace la felicidad y el placer de todo el mundo. Con sólo admirar estas maravillas de la naturaleza que recuerdan a las riquezas, la bondad y la misericordia de Dios, uno puede ser feliz, sentirse mejor si hay algo que no está funcionando. Las flores pueden expresar muchas cosas y están presentes en todos los eventos en la vida: un ramo de flores para un cumpleaños, para el compromiso y el matrimonio, en la visita de una persona enferma, cuando hay luto. Aun así, el grano de la paz tiene que empezar a germinar en alguna parte. Una vez que alguien está convencido de su importancia y quiere contribuir a la instauración de esta paz en el mundo, él o ella deciden dejar el grano germinar en él o ella primero. Una vez plantado, hay que cuidarlo para que crezca bien y sea beneficioso para todos los que están en contacto con él. Cuando se ama la paz y se quiere transmitir, uno necesita aplicarse a sí mismo a ella con todo el corazón para poder obtener el resultado: Paz en vida.

En tu opinión, ¿quiénes deberían ser jardineros de la Paz?

Ya que la paz tiene una dimensión comunitaria, todos deberíamos serlo. Pero sabemos que en nuestra sociedad, las mujeres y los niños son los más vulnerables. Ellos son las primeras víctimas de cualquier acto de violencia, comenzando con la violencia doméstica. Muy a menudo, esta violencia es perpetrada por hombres, aunque hay que reconocer que muchas mujeres están directa o indirectamente involucradas en dichos actos. En Madagascar, por ejemplo, se oye a menudo historias de madrastras que maltratan a los hijos de su segundo marido. Pero por suerte, también hay otras que son ejemplares en su bondad.

El desafío con el que hay que cumplir, es demostrar que las víctimas también pueden convertirse en instrumentos de paz si así lo desean: las mujeres son capaces de cultivar la paz a su alrededor. Todavía existe gente que piensa que las mujeres son el origen de los problemas de la humanidad (en referencia al incidente del Jardín del Edén), afortunadamente, existen muchos hombres y mujeres que creen que las mujeres pueden aportar soluciones a la paz, y estoy orgullosa de ser parte de este grupo. Cuando una mujer quiere, puede.

Has hablado acerca de la situación de la mujer en general pero ¿cuál es su lugar en la sociedad malgache?

La sociedad malgache es dominada por el hombre, generalmente; el status de la mujer es bastante bajo. De acuerdo con ciertas expresiones malgaches, la esposa debe acompañar al hombre, quien es “La cabeza de la familia”. Son los hombres quienes toman las grandes decisiones y hablan públicamente, las mujeres casi siempre son silenciadas y borradas. En áreas rurales, la escolaridad de los niños prevalece por sobre la de las niñas, ya que ellas están destinadas a ser esposas y madres.

Inclusive, esto es así, a pesar del hecho de que en el pasado, durante la era monárquica (1610–1897) también existieron reinas que fueron más conocidas que nuestros reyes[2] ¡Quizás esta sea la excepción a la regla! Particularmente, tres reinas llamadas Ranavalona I, II, III las cuales fueron distinguidas por su personalidad. Durante su discurso de coronación, Ranavalona I (1828–1861) declaró:

“No voy a cambiar lo que Radama (su predecesor) y mis antepasados han hecho, pero voy a añadir a lo que han hecho. No me crean incapaz de gobernar el reino porque soy una mujer. Que nunca sea dicho: esta es una mujer débil e ignorante; ella es incapaz de gobernarnos. Mi mayor preocupación será la de promover el bienestar y la felicidad.”[3]

Contra la invasión francesa, Ranavalona III (1883-1897) quien mantuvo sus líneas con todas sus fuerzas, dijo:

“Es a nosotros, la gente de Madagascar, a los cuales esta tierra les fue entregada como herencia, y los franceses quieren sacárnosla por la fuerza. Además, les aseguro que no voy a fallar en mis tareas que me obligan como Reina a defender este Reino. Continuaré cumpliéndolas, como he hecho hasta ahora.”[4]

Desafortunadamente, la guerra con los franceses finalmente terminó con la abolición de la realeza malgache en 1897: Ranavalona III fue exiliada a Réunion para luego ser transferida a Argelia.

En la sociedad malgache actual, la mujer puede tomar parte en un rol muy importante, inclusive a un alto nivel, pero la mayoría de ellas quedan “tras bambalinas”. Interpretan un papel muy importante del que nadie habla: cuidar a la familia y educar a los niños. También ejercen una influencia no despreciable en sus esposos, hermanos y padres. Es por esto que estoy convencida de que pueden estar involucradas en la instauración de paz a su alrededor.

Estadísticamente, hay más mujeres que hombres. Si pueden ser una mayoría activa en relación a la construcción de paz, definitivamente pueden cambiar situaciones en este mundo de violencia. Ciertamente, tienen ciertos recursos para actuar de esta manera si así lo desean: fuerza maternal, flexibilidad, coraje, paciencia, perseverancia, obstinación, capacidad de escucha, un sentido de la armonía y una voluntad para mejorar sus condiciones de vida. La sonrisa, la suavidad y la benevolencia de los gestos de una mujer son una cura para muchas cosas. Todas estas cualidades habilitan a la mujer a aceptar la diversidad como una flor multicolor en un jardín. Las mujeres también pueden ser muy efusivas con sus sentimientos, pero es su manera de expresar muchas cosas: alegría, dolor, tristeza, sufrimiento físico y/o moral, decepción, desilusión. El acercamiento no violento parece ser más femenino que masculino.

Usted dirige la asociación “Caravana de Mujeres por la Paz en Madagascar” (Women’s Caravan for Peace in Madagascar). ¿Nos puede decir qué es?

Iniciada en 2007 por CEVAA (Community of Churches in Mission),[5] la Caravana de Mujeres por La Paz comenzó con la experiencia de las Mujeres de la Iglesia Protestante de Nueva Caledonia, quien gracias a su iniciativa, alcanzó poco a poco la reinstauración de paz entre las dos partes de la guerra fratricida en su sociedad. Así, estas mujeres actuaron a favor de sus maridos, padres, hijos, hermanos y otras mujeres que las ayudaron. Su acción resultó en un cambio de actitud en los dos grupos antagónicos. Una reconciliación más o menos efectiva comenzó a ver la luz del día gracias al coraje de estas mujeres. Fue un proceso largo, pero fue el fruto de un deseo férreo de erradicar el círculo vicioso de muchos años de violencia.

Mi iglesia, junto con el grupo de mujeres, fue contactada para unirse a este movimiento. Oficialmente, la organización con CEVAA terminó en 2009, pero nosotras, las mujeres malgaches que nos hemos unido a esta aventura, decidimos continuar el camino hacia la paz. Hemos abierto nuestra asociación a nuevos miembros de distintos credos. Estamos positivamente convencidas de que todos necesitamos paz. Cada una de nosotras, donde sea que esté, es convocada a participar en un rol que al principio puede ser pequeño en la construcción de una sociedad menos violenta, en la cual el respeto de los derechos de todos los miembros es la piedra angular de un largo camino.

Y usted ¿qué hace concretamente en la asociación?

Además de nuestras reflexiones teológicas y con la ayuda de UNICEF, que nos ha entrenado en Educación por la Paz, hemos sido capaces de organizar discusiones y ofrecer entrenamiento a distintos grupos de mujeres en iglesias e instituciones teológicas. Los módulos de entrenamiento son: manejo del conflicto, diálogo, capacidad receptiva y unidad en diversidad. Esto se realiza en diferentes lugares, acorde a las demandas de los grupos. El objetivo es que, luego de las sesiones de entrenamiento, las participantes puedan educar en sus entornos acerca de la paz.

Cada participante ha podido ver un desarrollo personal progresivo en su enfoque de ser una constructora de paz empezando por las relaciones familiares, y luego, con sus pares. El cambio de comportamiento en situaciones muy diversas animó a todos a moverse aún más a pesar de las dificultades encontradas aquí y allá. La Escuela de la Paz requiere un esfuerzo continuo, la aceptación de la unidad en la diversidad, el coraje para tratar de manejar todo tipo de conflictos, la serenidad para empezar de nuevo cuando existe un obstáculo, y la voluntad de nunca renunciar, pase lo que pase. Realidades como la pobreza, el desempleo, la corrupción generalizada, la degradación de la mentalidad de la gente, son factores que desalientan a veces, pero no queremos tirar la toalla. Siempre hay algo que se pueda hacer.

¿Puede darnos un ejemplo de éxito de este enfoque?

Una participante compartió esta experiencia durante una reunión de evaluación: ella solía retar severamente a sus niños cuando hacían algo mal. Siempre pensó que actuar de esta manera era lo correcto, y nunca daba a sus niños la oportunidad de explicarse. La atmósfera en el hogar era muy opresiva: los niños estaban frustrados y los padres creían que tenían el derecho del más fuerte. Nuestra amiga rápidamente se dio cuenta de que algo tenía que cambiar, les dijo a sus niños lo que había descubierto con la Caravana de Mujeres Por La Paz, e hizo un gran esfuerzo por lograr un cambio en su comportamiento. De esta manera, empezó a escuchar las quejas de los niños. Decidió empezar a compartir qué era lo deseable en su relación padre-hijo. Lo discutieron juntos, y poco a poco, empezó a aceptar que no estaba siempre en lo correcto. Los niños empezaron a animarse a decir cosas que antes les hubiera asegurado un castigo. Siempre se tomaban el tiempo para escucharse los unos a los otros, y el padre de la familia empezó a apreciar más estos momentos juntos. El ambiente familiar se convirtió en uno en el que todos están felices de reunirse y compartir entre ellos. Esta mujer fue capaz de crear un hogar más pacífico.

Nos has hablado acerca de las contribuciones de la mujer por la paz, en tu opinión, ¿cuál puede ser la contribución de una mujer teóloga por la paz?

El mundo tiene que saber y recordar que la paz es un elemento inseparable de la presencia de Dios. Las mujeres teólogas podrían ayudar a la gente a ver la importancia de la paz en las Sagradas Escrituras. En la Biblia, hay muchos textos para explicar y aprovechar acerca de la paz. ¿Cómo podemos ver y estudiar eventos a la luz de las Escrituras? Este es el mayor servicio que teólogos de cualquier sexo pueden proveer. La paz no debe permanecer en un discurso, debe ser vivida.

En una palabra, ¿cuál es tu anhelo en relación a la Paz?

Mi deseo profundo como teóloga en el mundo de hoy es ser capaz de contribuir al desarrollo de la práctica de la paz en todos los niveles de la sociedad. Deseo que las mujeres sean las primeras en querer crear la paz a su alrededor. Ellas son capaces de hacerlo. El objetivo final, sin embargo, es que todo el mundo, hombres y mujeres, participen, porque la paz es sin duda un asunto de todos.

 

Notas

[1] Traducido por Evelyne Zinsstag del texto original en francés « Que la paix soit sur le monde pour les cent mille ans qui viennent / Donnez nous mille colombes à tous les soleils levants / Donnez nous mille colombes et des millions d’hirondelles / Faites un jour que tous les hommes redeviennent des enfants ». Faltan datos de edición/ editorial info

[2] Cf. P. Malzac, Histoire du Royaume Hova depuis ses origines jusqu’à sa fin, Tananarive, Imprimerie Catholique, 1930.

[3] Ibid. p. 237.

[4] Ibid. p. 516.

[5] CEVAA, iglesias protestantes francófonas alrededor del mundo. Su sede está en Montpellier, Francia.

(Traduccion: Gerardo Heidel)

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