Nyambura Njoroge (español)

Convirtiéndonos en agentes creativas del Evangelio

“La asamblea del Consejo Mundial de Iglesia relaizada en Busán en 2013 invitó a los cristianos y a la gente de buena voluntad en cualquier parte del mundo a unirse a una peregrinación de paz y justicia. Desafiadas por nuestras experiencias en Busán, llamamos a toda la gente –joven y vieja, mujeres y hombres, con capacidades diferentes, gente de diferentes creencias- para emplear juntos los dones que Dios les brindó en acciones transformadoras. Llamamos en primer lugar a las iglesias miembro y a las aliadas para caminar unidos en una búsqueda común, renovando nuestra vocación por la iglesia a través del compromiso colaborativo con los temas más importantes de la justicia y la paz, ayudando a sanar a un mundo lleno de conflicto, injusticia y dolor.”[1]

Algunos años antes de Busán, un pequeño grupo de mujeres teólogas de África y Europa decidió embarcarse en una búsqueda común: un peregrinaje de amistades en crecimiento, convirtiéndose (1 Juan 3,2), cruzando fronteras idiomáticas, experiencias interculturales, anhelando la paz, la justicia, el amor, el empoderamiento, la transformación, y anhelando el hogar −incluyendo el hogar eterno que sobreviene luego de la muerte física. Estas mujeres han hecho un viaje compartido de bondad, sabiduría, dolor, coraje y crecimiento, mientras afirman su justo lugar en la iglesia y en las instituciones teológicas que continúan luchando contra los dones de las mujeres, con su humanidad y con su indoblegable amor por Jesús.

Entre ellas, Verena Naegeli de Suiza me visitó en mi oficina en Ginebra, en el Centro Ecuménico del Concilio Mundial de Iglesias y compartió conmigo su visión y me preguntó si, en el momento adecuado, yo escucharía sus experiencias de peregrinación, sus descubrimientos y aspiraciones. Finalmente, luego de cinco años, me he vuelto parte de la peregrinación, sentada en mi living y escuchando atentamente a mis compañeras teólogas. No me decepcionaron. Me enriquecieron. Sigo anhelando convertirme en una agente creativa de la palabra de Dios.

Mis hermanas de Benin, Madagascar, Suiza, Tanzania, Zimbabwe, Alemania y la República Democrática del Congo han enriquecido mi propio peregrinaje teológico como una mujer de Kenia que ha vivido lejos de “su casa” al menos la mitad de su vida. Como yo, estas mujeres ansían ser escuchadas, oídas y consideradas seriamente como agentes creativas de la palabra de Dios, como nuestras ancestras en la fe en la geneología de Jesús. Incluyendo a las mujeres que se convirtieron en discípulas de Jesús, así como aquellas que en un pasado no muy lejano, en 1890, intentaron leer e interpretar la Biblia a través la fe, la humanidad, la realidad y las experiencias de las mujeres.

Al hacer un análisis profundo de sus propios trayectos como estudiantes bíblicas y teológicas, y lo que significa de hecho convertirse en una “doctora en Teología”, trae al lector a una ética de femineidad creativa y a una ética de un nuevo comienzo liberador, un comienzo sin sumisión, sin silencio, sin obediencia ciega, sin virtud moralizante cuyo objetivo es sostener al patriarcado y sus resultados malévolos de niñas y mujeres arrodilladas (Lucas 13,10-17). Al invocar el legado de las “Madres de Jesús” –Tamara, Rahab, Ruth, Bathsheba (sólo conocida como la esposa de Uriah) y María– estamos siendo invitadas a rechazar el ser despreciadas, violadas, rechazadas, humilladas y sujetas a la injusticia, a la explotación y a la muerte social.

Igualmente significativo, este peregrinaje trae a casa la idea de que la investigación es entrenarse en la escucha contextual del descubrimiento hecho por otros de otras realidades, en la medida en que la fe cristiana requiere que uno descubra lo que otros han descubierto, abriendo los oídos y los ojos del corazón. Lo que estas teólogas nos enseñan es que la investigación es estar en diálogo con otros a través de la escucha humilde y de beneficiarse de lo que uno escucha. En una Europa secular y en África, que tiene una abundancia de “pícaros predicadores y profetas”, que predican a las grandes masas de personas que anhelan la prosperidad, la curación y el bienestar, no podemos insistir lo suficiente en la centralidad de la investigación y de la escucha contextual y de la publicación de los resultados de la investigación.

Por lo tanto, este libro es una lectura obligada para los futuros estudiantes de doctorado bíblico y teológico, para descubrir desde la boca del león que un verdadero teólogo no abruma, intimida o manipula. Antes bien, un teólogo es una compañía de la comunidad cristiana, o como diría John Pobee, ¡un teólogo en el seno de la iglesia! Este libro es particularmente edificante cuando sopesamos las posibilidades de una nueva vida en contextos difíciles de patriarcado en la iglesia y en la familia cristiana, en muchos países en la extrema pobreza y en una violencia sin sentido donde los cuerpos de las mujeres son convertidos en armas de guerra. Estamos invitados a tomar valor a través de la interpretación bíblica contextual para interrogar nuestro doloroso pasado de odio étnico, holocausto, colonialismo y la presente carnicería de nuestros cuerpos, el racismo sin fin, el patriarcado y las inconmensurables injusticias, para poder dar paso a transformaciones creativas y procesos de curación.

Estoy particularmente animada de que estas campeonas de la justicia, el amor y la paz hayan llamado la atención crítica hacia la escucha contextual y hacia la interpretación bíblica contextual −prácticas que se han vuelto parte de mi ministerio ecuménico y de mi peregrinaje. Siendo una miembro fundadora en 1989 del Círculo de Interés de Mujeres Africanas Teólogas, una mujer pionera en abordar el entrenamiento teológico y la ordenación como ministra de la palabra y del sacramento en mi iglesia, la Iglesia Presbiteriana de África del Este, y mi actual ministerio en la coordinación de las Iniciativas y Apoyo de VIH[2] y SIDA[3] del Concilio Mundial Ecuménico de Iglesias (WCC-EHAIA por sus siglas en inglés), la teologización contextual no es una opción. La humanidad de cualquiera y su fe en Jesús es importante en cualquier proyecto teológico, tal como aprendemos al releer el encuentro entre Jesús y la mujer samaritana (Juan 4) o tratando de entender cómo fue con Batsheba cuando el Rey David la tomó para ser su esposa, luego de facilitar la muerte de Uriah (2 Samuel 11).

En WCC-EHAIA hemos adoptado el uso de la metodología contextual de estudio de la biblia[4] que empodera a los participantes para interrogar los textos bíblicos y las realidades socio-culturales que fomentan la pandemia del VIH, violencia sexual y de género, disparidades económicas y de género y el estigma y la discriminación que envían a nuestros niños y jóvenes a vender sus cuerpos, por ejemplo. Hemos aprendido lecciones invaluables a través de la escucha contextual y la interpretación comunitaria contextual de los textos del terror en la Biblia, tales como la violación de Dinah (Genésis 34), la violación (incesto) de Tamar por Amnon y su asesinato (2 Samuel 13) y la violación colectiva de la concubina y el desmembramiento de su cuerpo (Jueces 19). Desgraciadamente estos textos del terror son aún una realidad en el siglo XXI, y por lo tanto es imperativo que consecuentemente nos preguntemos ¿qué bien obtenemos del título que nosotros llevamos, el de “doctores en Teología”? ¿Qué tan relevante es esta educación que nos aleja de los que amamos, en la que gastamos años investigando, aprendiendo, siendo educados? ¿Con qué fin?

¿Cómo entonces puede Tsena Malalaka −un diálogo intercultural e intercontinental y un espacio seguro– y la invitación del Concilio Mundial de Iglesias de unirse en una peregrinación de justicia y paz, hacer un buen uso del compromiso de las mujeres teólogas para ser agentes creativas de la palabra de Dios, como fueron las Madres y las mujeres discípulas de Jesús? ¿Hay espacio en nuestras vidas ocupadas y en nuestros ministerios, para que las mujeres teólogas a lo largo de África y Europa “agranden el sitio de su tienda” (Isaías 54,2) de Tsena Malalaka para abordar crítica y contextualmente la necesidad urgente de paz y justicia entre los dos continentes? ¿Cómo hacerlo teniendo en cuenta que la paz es un elemento inseparable de la presencia de Dios y que la paz no debe permanecer como un discurso, que debe ser vivida? ¿Cómo puede el espíritu de esta peregrinación motivarnos para mirar hacia adelante en la fe para transformar nuestras iglesias y nuestras vidas a la gloria de Dios?

Convertirse en agentes creativas de la palabra de Dios significa que tenemos que ser hacedoras de paz y hacedoras de justicia en un tiempo en que miles de vidas están desapareciendo en el Mar Meditérraneo que separa África de Europa. Ciertamente hay muchas otras cosas que nos separan, pero estos artículos han demostrado que tenemos muchas más cosas en común que las que nos separan. Estas mujeres teólogas nos invitan a unirnos en un peregrinaje para descubrir los numerosos dones que las mujeres traen a la iglesia, en nuestras familias y en la sociedad en su conjunto. Más importante aún, nos exhortan a hacer preguntas difíciles sobre nuestra fe cristiana en el contexto de violencia intolerable e injusticias socioeconómicas y de género despreciables, que suceden en muchas partes del mundo.

Personalmente, creo que la iglesia y las instituciones teológicas deben prestar atención crítica a las Madres y a las mujeres discípulas de Jesús para descubrir nuevamente cómo Dios trabaja de maneras misteriosas en las vidas de las mujeres y a través de los dones que Dios les brindó. Escribiendo acerca de las Mujeres en la genealogía de Jesús, Megan McKenna, con Batsheba esposa de Uriah en mente, ha afirmado elocuentemente:

“¡La vida puede incluso provenir del asesinato, el engaño, la deslealtad y el adulterio! El reino de Dios puede sobreponerse a cualquier mal, a cualquier pecado, individual o social. El niño ofrecido como consuelo (Salomón) se convierte en un signo de paz, de esperanza; él guía en un período de sabiduría y de esperanza y de prosperidad sin paralelo en la historia de Israel. Un hijo muere en justicia (el primogénito de David y Bathsheba) pero otro es ofrecido en merced. El pecado, incluso el asesinato, es perdonado, y las relaciones son renovadas. Pero el mal es francamente condenado y expuesto públicamente para lidiar con él. Luego la vida sigue, redimida, en gracia, con esperanza renovada.”[5]

A través de los siglos la iglesia ha deshonrado a Dios al rechazar la humanidad de las mujeres y los dones que Dios le otorgó en todas las esferas de la vida pero hay esperanzas de que con el perdón podamos ser redimidos, agraciados y renacidos con nueva esperanza y vida.

 

[1]                http://www.oikoumene.org/en/resources/documents/central-committee/geneva-2014/an-invitation-to-the-pilgrimage-of-justice-and-peace (05/09/2015)

[2]                El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) es un retrovirus que infecta las células de los sistemas inmunes, destruyendo o inhabilitando su función. A medida que la infección progresa, el sistema inmune se vuelve más débil, y la persona se vuelve más susceptible a las infecciones. El estado más avanzado de la infección con VIH es el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA). Le puede llevar entre 10 a 15 años a una persona infectada con VIH desarrollar SIDA; las drogas antirretrovirales pueden hacer el porceso aún más lento. El VIH se transmite a través de relaciones sexuales sin protección (anales o vaginales), transfusión de sangre con el virus, el intercambio de agujas contaminadas y entre el niño y su madre durante el embarazo, el parto y el amamantamiento. http://www.who.int/topics/hiv_aids/en/ (05/09/2015)

[3]                https://www.oikoumene.org/en/what-we-do/ehaia (05/09/2015)

[4]                Para seguir leyendo, ver Ezra CHITANDO y Nyambura J. NJOROGE eds., Contextual Bible Study Manual on Transformative Masculinity, EHAIA Series 2013.

[5]                Megan McKENNA, Not Counting Women and Children: Neglected Stories, from the Bible. Maryknoll, New York: Orbis Books, 1994, p. 115.

(Traducción : Evelin Heidel)

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