Christine Lienemann (español)

¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos?

Un día, al enterarme de los ensayos recopilados en este libro, me paré frente a uno de los monumentales cuadros de Paul Gauguin (1848-1903). Se llama “¿De dónde venimos? ¿Qué somos? ¿Adónde vamos?”. Estas tres preguntas sintetizan el interés principal del pintor: el nacimiento, la vida y la muerte, y cómo Gauguin consideraba la relación entre los seres humanos, la naturaleza, la cultura y la religión. Podría resumirse la obra completa de Gauguin con la palabra clave anhelo: imágenes del paraíso, anhelos de un mundo ideal, una naturaleza impoluta, armonía entre los humanos, la sociedad, la cultura y la naturaleza son característicos de sus pinturas. Sin embargo, ese anhelo era un escape de un mundo muy lejano del paraíso, y de esta vida. En realidad, poco después de completar la obra mencionada, que consideró sería la última, el desilusionado y desencantado Gauguin intentó quitarse la vida.

Los aportes de esta antología se reúnen bajo el título Hay algo que anhelamos – Nous avons un désirpero con augurios distintos. El poema de la introducción muestra la perspectiva de deseo y el anhelo de la promesa bíblica de justicia divina en el aquí y ahora (Moni Egger). Este anhelo de justicia hace que roguemos por palabras genuinas: “Pon sal en nuestros labios para que nuestras palabras sean fieles y veraces” (Heidrun Suter-Richter). Así el anhelo de vida en este mundo y la voluntad de cambiar se enfrentan cara a cara. En el medio de los fracasos, de la violencia y de los conflictos, las autoras tienen la mirada puesta en la esperanza de una vida abundante (Juan 10:10). A decir verdad, estos ensayos me han inspirado a reflexionar con más profundidad. He reunido algunas de sus inquietudes en cuatro grupos temáticos, haré que entablen un diálogo y las relacionaré con algunas cuestiones que son de interés para mi trabajo actual.

  1. El anhelo de identidad

En la introducción las editoras presentan a Tsena Malalaka como un grupo de teólogas que buscan aquello que desean ser y lo que esperan para la Iglesia como Cuerpo de Cristo: “Lo que anhelamos es … más de lo que ya han establecido o aprobado las estructuras tradicionales”. El anhelo representa la tensión entre lo que ya es en la realidad—nuestra filiación divina—y aquello que será: ser como él, Jesucristo. 1 Juan 3:2 así lo expresa:

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él se purifica a sí mismo, así como él es puro”. (1 Juan 3:2-3)

Los aportes de este volumen tienen que ver con varias cuestiones de identidad. El no saber lo que seremos es, por un lado, reconfortante y liberador pues deja espacio para cambiar un statu quo insatisfactorio en nuestras propias vidas, en la Iglesia, en la sociedad y en el mundo. Como dice el versículo en 1 Juan, es imprescindible, en la esperanza en Jesucristo, esforzarnos para ser renovados y santificados y por el comienzo de una nueva vida. Por otro lado, no podemos vislumbrar con claridad el futuro. Esta es la razón por la cual buscar una orientación es una tarea a seguir. La cuestión de aquello que podemos anhelar y moldear en el espacio que hay entre la filiación divina y lo que seremos está en juego. El anhelo tiene un simbolismo doble: revelación y verdad escondida. Lo que deseamos no puede ser arbitrario, sino diseñado según Aquel al que el mundo no ha conocido (1 Juan 3:1). Al mismo tiempo, todo lo que anhelamos queda bajo reserva mientras que la identidad y el conocimiento van de la mano: si bien sabemos que seremos como el Resucitado, todavía no lo vemos como él es.

  1. El anhelo de comprensión intercultural entre fronteras culturales

El eje del Día Mundial de Oración de este año (2015) fue la narración del momento en que Jesús lava los pies. Jesús les pregunta a “los suyos” (Juan 13:1-17): “¿Sabéis lo que os he hecho?” (v. 12). No solo que en el “mundo” se malinterpretan las palabras y acciones de Jesús; su misma familia las malinterpreta pues violan normas religiosas y códigos culturales y a la vez revelan el pensamiento en categorías jerárquicas. En la actualidad, la comprensión está confinada, además de otras áreas, entre la teología académica y la práctica eclesiástica vida eclesiástica, si es que ambas están desconectadas entre sí (Brigitte Rabarijona) o porque se han llegado a conclusiones en un nivel tan alejado de la reflexión que se disocia de las profundas estructuras de la psiquis humana (Verena Naegeli). Por lo tanto las autoras de esta antología recuerdan que las palabras y las acciones de Jesús apuntan a una comprensión de la comunicación que trasciende fronteras, o, en un sentido más amplio, apuntan a la traducción. ¿Qué podría ser más evidente que el poner en práctica esta comunicación entre fronteras? En la mesa redonda el equipo de autoras propone enfoques teológicos africanos y europeos de distintos colores transculturales que cierran las puertas a una teología monocultural (Verena Mühlethaler). Si el mensaje del Evangelio se transmite a través de fronteras lingüísticas, culturales, religiosas y sociales, la trans-latio, la trans-misión o simplemente la traducción están en juego desde el vamos. Los evangelistas ya tradujeron las palabras de Jesús del arameo al griego. Para entender las palabras de la Biblia hebrea recurrieron a la traducción griega (la Septuaginta). Incluso en la época neotestamentaria, los cristianos comenzaron un proceso de traducción multilingüe que aceleró la transmisión del mensaje, derivó en una “circularidad de la palabra” muy fértil (Josée Ngalula) y generó terreno fértil para el intercambio teológico transcultural. Sin embargo, las traducciones no son solo complejas sino también ambivalentes. Por un lado, se corre el peligro de distorsionar el “texto original”, por ejemplo cuando se intenta acomodar el nombre de Dios a concepciones dudosas sobre él, o cuando se intenta alinear nombres de Dios de otros idiomas —como por ejemplo Modimo— con ideas cristianas misioneras (Ina Praetorius). Por lo tanto, las nuevas traducciones y las nuevas interpretaciones de la Biblia siguen siendo una tarea de los cristianos de todo el mundo (Pia Moser). Por otra parte, necesitamos la trans-latio de textos bíblicos en nuevos idiomas, diferentes culturas y estilos de vida, para posibilitar nuevas percepciones del mensaje (Fidèle Houssou Gandonou). Al igual que un diamante refleja continuamente nuevas facetas y destella nuevos colores al colocarlo en un cono de luz, se iluminarán nuevas facetas del Evangelio no bien se lo traduzca, o se lo vierta, en nuevos idiomas y mundos de pensamiento. Si se transpone shalom por medio de eirene al malgache fihavanana (Yvette Rabemila), se descubrirán nuevos niveles de significado sin perder su referencia en parte afirmativa y en parte a la vez crítica de las traducciones anteriores. Al vincular fihavanana a peace / paix, continuará la “circularidad de la palabra” que comenzó en el siglo I y llegará a la plenitud de Cristo en el futuro…

“…hasta que todos (el cuerpo de Cristo) lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. (Efesios 4:13)

  1. El deseo de un hogar en la extrañeza de la existencia

La movilidad, las experiencias migratorias y las huidas son características de nuestro tiempo que el pensamiento teológico no puede soslayar. Con esta experiencia, el anhelo de un hogar inevitablemente sale a la palestra. Para muchos el hogar original ya no es, y la tierra extranjera no es el hogar aún (Evelyn Zinsstag). Está claro, sin embargo, que contrarrestar esto cerrándose a influencias extrañas no es una medida convincente. Termina aislando y atemorizando a las personas en vez de acercarlas al hogar anhelado. Los miembros de Tsena Malalaka buscan otro camino y procuran conscientemente el diálogo en el encuentro entre África y Europa, tratándolo desde lo teológico, desarrollando por ende el multilingüismo teológico. En el diálogo directo y en las visitas mutuas hay una exposición, un exponerse a sí mismo a la vida en el lugar equivocado, que para muchos es una realidad muy dura pero forzada (Tania Oldenhage). En la era de la globalización, la reflexión teológica tiene lugar en sitios equivocados, allí donde hay un alto índice de personas sin hogar. El ecumenismo tampoco puede dejar de ser un aguijón en la carne de aquellas iglesias que se sienten demasiado cómodas en su propio territorio. Para construir la comunión entre fronteras es necesario que la teología ecuménica nunca deje de ser un locus theologicus alienus para las iglesias.

  1. El deseo de vida frente a la violencia

Este libro nos confronta con la omnipresencia de la violencia. La violencia moldea la vida cotidiana de mujeres y niños, domina las comunidades económicas y políticas de muchos países y es bien visible en la sociedad global también. Para el diálogo que Tsena Malalaka entabla entre Europa y África, los factores históricos de violencia no permanecen ocultos ya que países que antiguamente fueron colonia, como por ejemplo Benín, Togo, Congo, Tanzania, Zimbabue y Madagascar, perpetuaron modelos coloniales de violencia. Junto con modelos culturales arraigados en sociedades indígenas, tienen un peso doble en la población, sobre todo en los más vulnerables. ¿Qué pueden esperar aquellos que están atrapados en espirales de violencia que no tienen solución? ¿Deberíamos, por ejemplo, desechar el cristianismo en África porque surgió de las misiones coloniales? ¿Deberíamos decirle adiós a las misiones pues son o fueron una aventura que traspasa las fronteras y que las transgrede? No es una solución viable ya que la ausencia de comunicación entre culturas y las fronteras religiosas llevarían inevitablemente al etnocentrismo. Más bien, lo que está en juego es el dejar atrás las relaciones de poder construidas a la fuerza para poder generar espacio para los encuentros entre iguales. El diálogo entre Jesús y la mujer samaritana en el pozo puede ser un ejemplo de esto, entendido como un símbolo de romper con las asimetrías en la vida cotidiana, en la religión y en la sociedad (mundial) (ElizabethVengeyi). No obstante, ¿cómo es posible que el diálogo entre África y Europa sea exitoso cuando, del lado europeo, hay que lidiar con la pesada culpa del colonialismo y, del lado africano, la herencia colonial? Es más sencillo vislumbrar los callejones sin salida de tal intento que su éxito. Por ejemplo, si los males sociales en África se atribuyen unilateralmente a la herencia colonial, la responsabilidad del cambio se delega a actores externos y los gobiernos locales son librados al mismo tiempo de su responsabilidad política. La „théologie de la reconstruction” contrarresta un pensamiento ético posible para esta tendencia (Brigite Rabarijona). El proyecto femenino comunitario en Madagascar que tiene como objetivo ayudar a reducir la violencia en la vida cotidiana con su Caravana por la Paz se orientan en esa dirección (Yvette Rabemila). Convertir la victimización de las mujeres en una fortaleza es un intento ingenioso de Togo: a los embarazos de adolescentes se los llama una “oportunidad” que puede utilizarse para socavar el poder patriarcal (LéocadieAurélie Billy). “Anhelo ver mujeres empoderadas en todos los ámbitos de la vida” (Mary Kategile). “Anhelamos ser valoradas como colaboradoras de Dios” (Juliete Razafioarisoa). Estas palabras resumen muy acertadamente cómo se relaciona cada aporte, sin importar el origen de las autoras, ni dónde se encuentran, ni qué es lo que constituye su identidad, ni dónde o cómo viven o trabajan.

(Traduccion: Viviana Aubele)

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