Brigitte Rabarijaona (español)

¿Qué puente puede existir entre las ciencias bíblicas modernas y la lectura fiel de la Biblia?

Resumen

Luego de trabajar en una parroquia rural y de haber pasado varios años en estudios bíblicos modernos, nació mi deseo de crear un puente entre la ciencia bíblica moderna y la lectura bíblica fiel. ¿Cómo se podía crear una complementariedad entre estos dos métodos de lectura totalmente opuestos? El objetivo no era forzar una combinación, sino tomar de uno lo que falta en el otro y viceversa. Estas dos lecturas pueden alimentarse mutuamente para promover una lectura que afirma la vida, en la cual hay una interacción entre el texto y sus lectores. Pero este deseo también es un desafío. Es el desafío de abrirse: de abrirse a un mundo, de abrirse a un método largamente ensombrecido, y a una Palabra que nos saca de nuestros hábitos y de nuestras tradiciones para traernos de vuelta a nuestra propia realidad.

“¿Qué cambiará en tu prédica cuando termines esta carrera?”, me preguntó una señora de mi antigua parroquia cuando le anuncié que volvería a los estudios para obtener un doctorado en Teología. Luego, cuando presenté mi proyecto de tesis, un profesor de estudios bíblicos me dijo: “¡Uno no hace una tesis de tres años para predicar cinco minutos!”. Estos dos comentarios, tan irónicos e inocentes, son significativos. Algunos lectores regulares de la Biblia piensan que los estudios bíblicos modernos son inútiles y “matan la fe” al poner todo en duda. Se los considera sin utilidad pastoral, debido al hecho de que los métodos utilizados no siempre toman en cuenta ni la forma final del texto ni su dimensión hermenéutica o espiritual. Por otro lado, para los investigadores, las lecturas fieles de la Biblia que solamente se concentran en la forma final del texto son demasiado literales y fundamentalistas, destinadas más al corazón que a la cabeza.

Me encontré atrapada entre estos prejuicios. Hablo de prejuicio porque encuentro a estos puntos de vista reduccionistas. Mi costado académico esperaba hacer trabajo científico en buena y debida forma, cumpliendo con los requerimientos de la ciencia bíblica moderna, mientras que mi costado vinculado con la iglesia esperaba que hiciera el trabajo pertinente y predicador de una mensajera en el contexto actual. ¿Cómo hacer que estas expectativas que, a priori, son diametralmente opuestas, se encontraran? Allí es donde nació mi idea y mi deseo de crear un puente entre estas dos. Satisfacer solo una de estas expectativas habría significado ignorar los beneficios que cada una puede tener para la otra. En mi opinión, los resultados de la investigación bíblica científica no están reservados exclusivamente a las universidades. Lo mismo va para la cuestión de la interpretación, no está restringida a los lectores ordinarios. Los dos son complementarios. La Biblia no es un libro simple al que se le puede remover la piel y diseccionar para emerger solamente con un resultado científico, cualquiera sea el método. Ni tampoco puede ser tomada literalmente, porque aunque tiene la autoridad de la palabra de Dios, debemos reconocer que está escrita por manos humanas. ¿Cómo se puede crear un puente entre estos dos puntos de vista, estos dos métodos, y estas dos formas de leer la Biblia? ¿De qué forma cada uno puede ser más útil para el otro?

Las ciencias bíblicas modernas

El método más utilizado pero también el más criticado en las ciencias bíblicas es la exégesis crítica e histórica. La fortaleza de este método es que su objetivo es entender la intención del autor, la tradición detrás del texto y los eventos históricos vinculados con él. Busca distinguir las distintas fuentes y composiciones de los varios estratos de un libro o un texto bíblico. Este trabajo de cortar y descomponer mira críticamente a los más mínimos detalles textuales, históricos o arqueológicos que pudieran proveer información. A través de este método, los períodos de producción de las distintas capas del texto se vuelven más entendibles; aquellas narrativas que parecen tan impactantes sobre la guerra o el asesinato tal como se las encuentra a menudo en el Antiguo Testamento, por ejemplo, son menos aterradoras luego de que uno entiende el contexto de su producción. La lectura atenta propuesta por la ciencia bíblica moderna se convierte, por lo tanto, en un instrumento efectivo para evitar poner la guerra y los conflictos a cuenta de un Dios con sed de sangre. Sin embargo, a pesar de su búsqueda por la racionalidad, este método encuentra sus límites en el límite del círculo académico. ¿Cuál es el interés en entender la historia de la composición de un libro, de un capítulo o de un pasaje bíblico, si no es para encontrar un mensaje adecuado? El uso “abusivo” de este método nacido en Occidente es a menudo señalado por ciertos lectores ordinarios de formación evangélica en África o en Europa como una de las razones de la descristianización de Europa.

Defendido a pesar de todo

A pesar de estas críticas, que han sido expresadas desde el nacimiento de este método, continúa siendo aplicado, desarrollado, utilizado y estudiado. Jean-Louis Ska, profesor de la materia Antiguo Testamento, es uno de sus fuertes defensores. Mientras que reconoce sus aspectos negativos y la crítica que se le ha hecho,[1] Ska trata de demostrar la validez del enfoque. Para él, dado que la Biblia no da una narrativa histórica comprensiva sino más bien una historia cuyo objetivo es formar la conciencia de gente que busca entender su destino, es el método histórico crítico el que permite llenar los vacíos históricos y literarios.[2] Todos estos análisis tienen el mérito de no considerar al texto como caído del cielo.

Sin embargo, a fuerza de cuestionar y criticar todo, se olvidan que los textos bíblicos no fueron escritos con propósitos históricos, sino primariamente con propósitos teológicos. Escarban meramente en el pasado del texto sin buscar entender lo que significa en el tiempo presente del lector. Aquí es donde se acusa al método de alimentar el escepticismo en vez de alimentar la fe de aquellos que leen la Biblia. No hay una interacción real entre el texto y sus lectores, dado que el foco está dirigido a la relación entre el texto y sus autores.

Las lecturas fieles de la Biblia

Esta lectura utiliza el texto en su forma final para responder a las preguntas presentadas por los lectores en su propio contexto. Es el sentido de su vida el que se pone en duda en una dimensión doble: individual y comunitaria. En la dimensión individual, el lector puede utilizar su propio método y reflexión en su propia manera. En la dimensión comunitaria, esta lectura es más a menudo practicada en diferentes grupos y ambientes vinculados con la iglesia. Individual o comunitaria, esta lectura favorece la interpretación del texto, la interacción entre el texto y el lector, y la interacción de los lectores entre sí. Los lectores le permiten al texto desafiarlos por su pertinencia, su dimensión simbólica y espiritual, y por el eco que envía de nuevo a sus circunstancias presentes. Los lectores pueden identificarse con los personajes o las situaciones en la Biblia que tienen una similitud o una relación con su propia vida. Por lo tanto, la experiencia del lector, su cultura, su convicción, sus sentimientos y toda su personalidad están interesados en la lectura que llevan a cabo. Aquí, la noción de encarnación encuentra todo su sentido.

¿Abrirse o cerrarse?

Las lecturas fieles de la Biblia les dan a los lectores cierta libertad para una lectura personal y personalizada, pero se vuelven riesgosas cuando empiezan a practicarse con rigidez, como es el caso en ciertos ambientes evangélicos. Una rigidez mecánica, orientada a través del dogma teológico y la tendencia de una comunidad o una denominación que se niega a considerar la humanidad del autor a pesar de que Dios ha elegido revelarse a sí mismo a través de este humano. A veces se olvida que la Biblia no cuenta la historia de Dios, sino la de los humanos a los que está dirigida. La libertad de interpretación puede conducir a los lectores a pretender que poseen la verdad o a justificar sus actos en nombre de lo que ellos creen que es la verdad. En vez de abrirse a una palabra dadora de vida, se encierran en un fundamentalismo ingenuo que se niega a enfrentar la realidad. En este caso, la Biblia deja de ser la palabra liberadora que se encarna a sí misma en la realidad de sus lectores y los lectores se vuelven indiferentes a su propiedad realidad. El peligro es caer en un espíritu sectario inclinado al radicalismo, en el cual uno solamente se siente a gusto en la compañía de aquellos que comparten la misma perspectiva y la misma convicción, pero que paraliza una vez que uno se encuentra fuera de ese círculo.

Cada una de estas dos lecturas tiene sus fortalezas y sus debilidades. En la lectura de las ciencias bíblicas modernas, el texto está en el centro de los estudios, mientras que en la lectura tradicional, es el lector quien está en el centro. Obviamente, el otro puede proveer lo que le falta a cada una de estas lecturas. Aquí es exactamente donde mi deseo de crear un puente entre los dos para que dejen de rechazarse también se convierte en un desafío.

Un ejemplo: la gente hambrienta y la comida gigantesca del gobernador (Nehemías 5:1–19)

Tomo como ejemplo el capítulo 5 del libro de Nehemías que recientemente leí con dos grupos de lectores: los estudiantes de la facultad de Teología de Ambatonakanga y un grupo de mujeres de la congregación de Antanamalaza.

Les propuse a mis estudiantes de la facultad de Teología leer este pasaje sin decirles qué método utilizar. Los estudiantes, habiendo aprendido los métodos de la ciencia bíblica moderna, inmediatamente señalaron que en su formal final, este texto contiene una cierta cantidad de incoherencias que uno no puede entender a través de la simple lectura. En efecto, el pasaje empieza con un resumen de las quejas de la gente por la hambruna y termina con la comida gigantesca que Nehemías sirve todos los días a sus invitados. Era por lo tanto indispensable tratar de entender las razones para esto y el mejor método era la crítica socio-histórica, que le permitía a los estudiantes llegar a la conclusión de que este capítulo no puede ser considerado como una entidad. Este capítulo está dividido en dos partes: una que hace un recuento de las quejas de la gente (v. 1-13), y otro que describe el rol de Nehemías como gobernador (v. 14-19). La única cosa en común que tienen ambas perícopas es el rol principal y ejemplar que juega Nehemías. El editor del libro decidió combinarlos para legitimar el rol del gobernador Nehemías, de cuya nominación uno no sabe ni la fecha, ni el proceso ni la persona responsable. Luego les pedí a los estudiantes explicar esto. Para responder esto, fueron invitados a volver a la historia del registro de los exiliados a Jerusalén, su situación económica y social, el rol del gobernador en ese momento, la organización religiosa de ese tiempo, y otras preguntas de esa naturaleza. Fue recién hacia el final cuando un estudiante tuvo la idea de encontrar un mensaje coherente dentro del texto a pesar de su incoherencia. Este mensaje era bastante difícil de entender luego de la tentativa de entender el texto en sí mismo. Pero luego de que intentamos leerlo con nuestro propio contexto en mente, teniendo en cuenta la cuestión de la distribución injusta y desigual de recursos, fue más fácil para los estudiantes formular un mensaje e identificarse con uno u otro personaje del texto. El mensaje que encontraron fue desde el coraje de la gente para atreverse a denunciar el abuso de ciertos dirigentes, hasta cuestionar la sensibilidad de los gobernantes hacia la realidad de la vida de la gente. Y entre los dos, el rol y la presencia de la comunidad eclesiástica en la búsqueda por justicia en la sociedad.

El grupo de mujeres no notó la incoherencia en el texto porque luego de leer el texto de manera silenciosa y luego en voz alta, empezaron a narrar lo que sintieron mientras leían y releyeron el texto. Se identificaron fácilmente con las mujeres que denunciaron la injusticia e interpretaron el texto en relación con las injusticias que experimentaban en sus vidas cotidianas. Algunas de ellas envidiaron el lugar de las mujeres entre la gente que habló, que denunciaron las injusticias y fueron escuchadas y oídas por Nehemías. Para ellas, los dirigentes políticos del hoy deberían actuar como Nehemías: deberían ser sensibles a los problemas de la gente y actuar y reinar de manera acorde. Fue interesante ver que ninguna de estas mujeres estaba impresionada por la descripción de lo que Nehemías ofrecía a sus invitados durante el tiempo de la hambruna. La mayoría de ellas encontró normal que los gobernantes coman hasta llenarse mientras la gente grita de hambre. Es cierto que los gobernantes de África hoy actúan de la misma manera, pero el hecho de que tales narrativas estén en la Biblia no justifica tales actos. Ahí es cuando les propuse a las mujeres encontrar incoherencias en el texto. Su forma de ver las cosas cambió. Una crítica textual muy simple les permitió tomar cierta distancia del texto y enriqueció su discusión. Habiendo entendido que el texto pudo haber sido escrito en dos o tres tiempos, con algunas décadas entre medio, adquirieron una nueva forma de comentarlo. Sin embargo, para cada una de estas diferentes fases del texto, continuaron haciendo la misma pregunta: “¿Qué nos quiere decir Dios con esto?”

Esta pregunta es la ventaja de la lectura fiel, que las lecturas académicas deberían tomar más en consideración. Escrita por humanos, en un momento preciso con un objetivo preciso, un texto es más que una colección de información. También es el portador de un mensaje que puede interrogar a los lectores de hoy sobre qué y cómo viven y qué ideales sostienen.

El texto y los lectores: ¿qué distancia hay entre los dos?

Antes de proponer a los estudiantes y al grupo de mujeres hacer esta lectura, traté de comparar algunas lecturas que fueron hechas sobre este pasaje. Me di cuenta de que casi todos los autores se centraban en la persona y en el carácter de Nehemías. Aquellos que toman el libro solo en su forma final, pasando por alto las incoherencias textuales y las dificultades, solo idealizan aún más la persona que los editores del libro ya han idealizado. El texto está en cierta forma explotado con el objetivo de justificar las ideologías de los comentaristas, que estaban dispuestos a pasar por alto algunos de sus aspectos. Está claro que la idealización y la heroización de una persona o situación es el reflejo de una ausencia –o de una frustración– a partir de la cual nace una ideología. Detrás de cada intervención de esta “excepcional” persona llamada Nehemías, está la realidad social, política y religiosa precaria de los judíos de este tiempo que no tenían más una figura de referencia y buscaban construir una basados en el libro de Nehemías.

Nosotros, los lectores contemporáneos, no somos tan diferentes de aquellos que escribieron y compusieron los textos bíblicos. Nuestra forma de estudiar, leer e interpretar también es una reflexión de nuestro ideal y nuestra ideología, moldeadas por nuestra realidad. Inicialmente, Nehemías intervino para reparar las fisuras en la pared de Jerusalén; después, fue descripto como el que reparó las fisuras sociales, políticas y religiosas de la comunidad judía. Y en el capítulo 5, interviene para reparar una fisura socio-económica. Y continúa reparando las fisuras de diferentes generaciones de lectores: las fisuras de sus propias sociedades. Si él es descripto como el líder por excelencia, esto es simplemente un signo de que aquellos que lo consideran a él de esta forma viven en una sociedad donde los líderes buenos son raros. Considerarlo a Nehemías como el restaurador por excelencia es hacer eco en el contexto en el que vivimos ahora: en búsqueda de renovación y reestructuración[3]. A pesar de esto, pienso que cuando se lee un texto tan complejo como el libro de Nehemías, lo más importante no es enfocarse en una figura, sino primero tratar de entender las realidades socio-históricas de las que se hace eco. Esto nos permite mantener una cierta neutralidad hacia el texto, y una neutralidad con respecto a la interpretación que haremos. Aquí es donde me uno a Farisani para decir que la ventaja de una lectura socio-histórica antes que toda interpretación es entender la relación entre las diferentes partes constitutivas de la sociedad – o sociedades – que el texto revela, así se evita mantener ciegamente una ideología que marginaliza a ciertos miembros de las sociedades, como se hace en la memoria de Nehemías. Farisani le llama a esto una “deideologización-ideologización”:

El propósito de tal análisis es permitirnos de-ideologizar ideologizar efectivamente la ideología exclusivista en el texto y leer el texto contra el grano, esto es, desde la perspectiva de los excluidos y de los am haaretz marginados. [4] [5]

Cada uno en su lugar

Una vez “desideologizado”, el texto puede ser leído de acuerdo a las perspectivas de cada parte constituyente de la sociedad, desde aquellos que tienen poder hasta aquellos que están marginados. Y es solo desde ahí que podemos intentar entender, leer e interpretar, sin sesgos, a través de nuestros propios contextos. ¿Pero qué quedará del texto si lo desnudamos de toda ideología? Lo que permanecerá es la reflexión objetiva sobre las realidades humanas que son las más cercanas a la nuestra. Hablamos de “realidades” en el plural, dado que puede haber diferentes realidades, de acuerdo con los estadios de composición del texto, como es el caso con el libro de Nehemías. La mirada neutral que sostenemos sobre el texto, proveniente de una lectura socio-histórica, nos permite no solamente leerlo desde perspectivas diferentes, sino también entender los diferentes aspectos de la narrativa, sin necesariamente justificar y aprobar lo que es injusto, como sucede con algunas lecturas superficiales.

Entender los contextos sociales de la composición de un libro o de un capítulo es una cosa, pero ser capaz de leerlo en nuestro contexto es otra. La mejor manera de evitar cualquier interpretación sesgada y teológicamente orientada hacia las tendencias doctrinales de los lectores que están tentados a olvidar aspectos importantes del texto, es tomar distancia y esforzarse por la objetividad. Este distanciamiento también permite alejarse de la oposición esterotípica de la credulidad ingenua de algunas interpretaciones de los textos bíblicos y el excesivo escepticismo de la escolaridad bíblica moderna. Es posible evitar ambos extremos para hacer avanzar la reflexión. Es sobre encontrar un vínculo hermenéutico entre el texto en su complejidad y nuestro contexto actual. La lectura socio-histórica es una de las herramientas que puede permitir a la ciencia bíblica moderna y a las interpretaciones de textos bíblicos interactuar en una forma más humilde y realista hacia los textos en sí mismos.

Esta interacción le permitirá después a cada lector evitar encerrarse en su propia manera de leer la Biblia. Es mi deseo que los lectores de la Biblia puedan abrir su horizonte y sepan cómo dar un paso atrás de sus propias ideologías y tradiciones para recibir un mensaje que tenga sentido en su vida cotidiana. Es un deseo y un desafío al mismo tiempo. El desafío de cuestionarse una y otra vez la propia forma de leer la Biblia, mientras se deja guiar por el Espíritu Santo. Para dejarse estar enojado, sorprendido y desafiado por las lecturas que otros hacen. Para reconocer que no hay una única receta para leer la Biblia, y que cuando uno se enfrenta con textos que presentan problemas; uno no debería dudar en llamar a los métodos de las ciencias bíblicas. Sin embargo, uno no debe parar en este punto. Una lectura viva y edificante debería ser acompañada por una apertura cada vez mayor del espíritu, de la visión, del espacio y de la voluntad para encarnarla en nuestra vida cotidiana.

 

Respuesta por Evelyne Zinsstag

Brigitte nos muestra en este texto las dos cosas que se necesitan para una interpretación bíblica relevante para el presente: una contemplación (socio)histórica del texto así como de la relación del texto con la situación actual de los lectores, los resultados de la investigación de los estudios bíblicos así como la lectura fiel de la Biblia. Ella relaciona dos lecturas de la Biblia que hizo sobre el banquete de Nehemías y narra cómo ambas se beneficiaron de los aportes del “otro lado”.

Desde mis estudios en Suiza conozco bien el problema de los estudios bíblicos poco comprometidos: se le otorga mucha más importancia a los análisis históricos de los textos bíblicos que a la interpretación para el contexto actual. Esto último es considerado una tarea de la Teología Práctica: a fin de cuentas, ¡uno no aprende a predicar en los estudios bíblicos!

Tanto en la universidad como en la iglesia es importante tener en cuenta el peligro de la ideología, así como el peligro de la interpretación que es irrelevante para la sociedad. Cuando leo la Biblia científicamente, estoy inspirada en cuerpo y en corazón una y otra vez por el hecho de que los textos bíblicos han pasado a través de tantas manos, cabezas y corazones, antes de llegar a mis ojos. Esto significa que no reflejan la visión de un único autor sobre un tema, sino que, a menudo, interpretaciones contradictorias de una historia están fijadas en un mismo texto. Esto hace que los textos bíblicos sean a menudo difíciles de entender. Pero justamente esto se ha vuelto importante para mi fe: los textos reflejan las experiencias de la gente con Dios, y especialmente las discusiones que esta gente ha llevado adelante a lo largo de los siglos en la búsqueda por el conocimiento de Dios y por una buena vida en común.

Uno podría decir que los dos grupos que Brigitte describe se paran en la misma tradición, como la gente que escribió los textos bíblicos: no hay solamente una única opinión, una interpretación correcta; la pregunta de qué hace justo a un gobernante está llena de ambivalencias y peligros. En la discusión, ambos grupos tratan de entender lo que se narra en Nehemías 5,1-19 con diferentes enfoques. En ambos grupos, Brigitte solo tuvo que hacer pequeñas contribuciones para guiar a los participantes hacia nuevas preguntas que los pusieron a ambos en el camino de un nuevo conocimiento.

 

Notas

[1] Jean-Louis SKA, Les vertus de la méthode historico-critique, Nouvelle Revue Théologique, 131/4 (2009), págs. 705-727.

[2] Jean-Louis SKA, Les énigmes du passé. Histoire d’Israël et récit biblique. Traduit de l’italien par Elena Si Pede, Editions Lessius, Paris, Cerf, 2001, págs. 133.

[3] Durante la colonización, la corriente teológica más popular en África era la Teología de la Liberación. Luego, desde el comienzo de los sesenta cuando la colonización comenzó a ser abolida, la Teología de la Reconstrucción se volvió más popular. En el curso de esta corriente, los libros y los personajes de Ezra y Nehemías, forjadores de la comunidad post-exilio de Judea, se convirtieron en simbólicos. Cf. J. N. K. MUGAMBI, Africa and the Old Testament, in M. GETUI, K. HOLTER, V. ZINKURATIRE (eds.), Interpreting the Old Testament in Africa. Papers from the International Symposium on Africa and the Old Testament, October 1999, BiThA 2, New York, Peter Lang, 2001, p. 18.

[4] Am haaretz es una expresión en Hebreo que significa la gente de la tierra. Se refiere a los judíos que no experimentaron el exilio en Babilonia y que permanecieron en Judea. Fueron marginados por aquellos que volvieron a Judea luego del exilio.

[5] E. B. FARISANI, The Ideological Biased Use of Ezra-Nehemiah in a Quest for an African Theology of Reconstruction », in M. W. DUBE, A. M. MBUVI, D. R. MBUWAYESANGO, Postcolonial Perspectives in African Biblical Interpretations, Atlanta, SBL, 2012, p. 331–347.

(Traduccion: Evelin Heidel)

 

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